Cuando el cuerpo entiende antes que la mente

Entender no siempre es suficiente

Durante mucho tiempo hemos pensado que el cambio es una cuestión de comprensión.
Que cuando algo se entiende bien, cuando tiene sentido, el comportamiento cambia de forma natural.

Sin embargo, en la práctica, esto no suele ser así.

Muchas personas saben lo que les conviene, han reflexionado sobre ello, incluso lo han trabajado en distintos espacios… y aun así repiten los mismos patrones. No porque no quieran cambiar, sino porque el cuerpo todavía no está preparado para hacerlo.

El sistema nervioso y la percepción de seguridad

Desde la neurociencia sabemos que el cerebro no cambia únicamente a través de la información. El cambio real ocurre cuando el sistema nervioso percibe que la situación es segura.

Mientras el organismo interpreta amenaza —aunque sea de forma inconsciente— seguirá activando los mismos mecanismos de protección. Por eso, aunque la mente haya llegado a conclusiones claras, el cuerpo puede seguir reaccionando como si nada hubiera cambiado.

Este es uno de los motivos por los que el cambio no suele darse de forma inmediata. Lo desarrollo con más detalle en el artículo https://evasoto.com/el-poder-de-los-microhabitos-como-lograr-tus-objetivos-con-pequenos-pasos/ donde explico cómo el cerebro necesita repetición y condiciones de seguridad para reorganizarse.

Cuando el cuerpo va más despacio que la mente

Esta falta de integración suele manifestarse de formas muy concretas:
cansancio persistente, tensión corporal, dificultad para relajarse o una sensación constante de alerta, incluso cuando aparentemente todo está bien.

Desde ahí, la mente suele entrar en lucha. Aparecen pensamientos como “ya debería haber superado esto”, “sé que no tiene sentido sentirme así” o “he trabajado suficiente este tema”. Sin embargo, el cuerpo no responde a argumentos lógicos; responde a experiencias.

El sistema nervioso necesita tiempo, repetición y señales claras de seguridad para reorganizarse. No se trata de falta de voluntad, sino de funcionamiento neurobiológico.

El papel del corazón en la integración

En este proceso hay un elemento clave del que se habla menos: el corazón.

El corazón no solo responde a las órdenes del cerebro, sino que también envía información constante al sistema nervioso. Cuando existe coherencia cardíaca —es decir, cuando el ritmo del corazón es estable y armonioso— el cerebro recibe señales de calma y seguridad.

Este estado facilita que el cuerpo pueda integrar lo que la mente ya ha comprendido. No se trata solo de pensar diferente, sino de sentir seguridad a nivel fisiológico. Cuando corazón, sistema nervioso y cerebro entran en coherencia, el cambio se vuelve mucho más accesible.

(Este es un tema que desarrollaré con más profundidad en otro artículo.)

Integrar es un proceso, no un esfuerzo

Cuando estas condiciones se dan, el cambio no suele ser brusco ni espectacular. Es más bien silencioso:
el cuerpo empieza a reaccionar de forma distinta ante situaciones que antes generaban tensión, la respuesta emocional se suaviza y deja de ser necesario un control constante.

Ahí es donde el cambio se vuelve estable.

No se trata de entender más, sino de permitir que lo comprendido pueda ser integrado a nivel corporal y emocional, favoreciendo la integración cuerpo y mente.

Si te interesa profundizar en cómo se producen estos procesos a nivel cerebral, puedes leer también La dificultad de cambiar hábitos. Una cuestión de redes neuronaleshttps://evasoto.com/la-dificultad-de-cambiar-habitos-una-cuestion-de-redes-neuronales/  donde explico por qué el cerebro tiende a repetir patrones incluso cuando somos conscientes de ellos.

Un espacio para integrar, no para forzar

Este blog nace desde ese lugar: la integración entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que el cuerpo puede sostener en cada momento.

Porque cuando el cuerpo —y el corazón— entienden,
la mente deja de luchar
y el cambio deja de ser una exigencia.


Este texto forma parte del espíritu de este blog. 🦋

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